La Sobarriba: Tierra de raíces profundas y horizontes infinitos.

La Sobarriba: Tierra de raíces profundas y horizontes infinitos.

Carbajosa de la Sobarriba

Una iglesia en el corazón del tiempo
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Carbajosa, uno de los pueblos más pequeños y antiguos de la Sobarriba leonesa, guarda un patrimonio inesperadamente valioso en su humilde iglesia rural. A escasos kilómetros de León y situada entre Villalboñe y Villacil, la localidad atesora un espléndido artesonado mudéjar del siglo XVI, un Cristo gótico del XIV, y un retablo renacentista del XVI obra de los maestros Diego de Solís, Nicolás Pizarro y Gregorio de Herreras. También conserva un tímpano gótico de la Virgen con Niño y ángeles, posiblemente procedente del monasterio de San Pedro de Eslonza. Además, aquí se veneró una Virgen románica del siglo XII, hoy en el Museo Catedralicio. Enclavado en un paisaje silencioso y rural, Carbajosa ofrece al visitante un viaje a través del tiempo, donde el arte y la memoria permanecen discretamente vivos.

Carbajosa de la Sobarriba

Una iglesia en el corazón del tiempo
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Carbajosa, uno de los pueblos más pequeños y antiguos de la Sobarriba leonesa, guarda un patrimonio inesperadamente valioso en su humilde iglesia rural. A escasos kilómetros de León y situada entre Villalboñe y Villacil, la localidad atesora un espléndido artesonado mudéjar del siglo XVI, un Cristo gótico del XIV, y un retablo renacentista del XVI obra de los maestros Diego de Solís, Nicolás Pizarro y Gregorio de Herreras. También conserva un tímpano gótico de la Virgen con Niño y ángeles, posiblemente procedente del monasterio de San Pedro de Eslonza. Además, aquí se veneró una Virgen románica del siglo XII, hoy en el Museo Catedralicio. Enclavado en un paisaje silencioso y rural, Carbajosa ofrece al visitante un viaje a través del tiempo, donde el arte y la memoria permanecen discretamente vivos.

Carbajosa de la Sobarriba

Una iglesia en el corazón del tiempo

Sita en el camino que va de Villalboñe a Villacil, Carbajosa es sin duda uno de los pueblos más pequeños de la Sobarriba. Y no sólo en número de casas o de habitantes —pues eso, con el tiempo, puede cambiar o al menos fluctuar, y ha cambiado de hecho, aunque casi siempre hacia abajo—, sino también en lo que uno percibe como volumen de presencia en el mundo, en esa huella visible o audible que deja lo que se impone o se hace notar. Carbajosa no se impone. Más bien se permite estar, que no es lo mismo.

Elemento decorativo de trazo de la web de La Sobarriba (León)

Esta localidad aparece muy pronto en los documentos. El 29 de octubre del año 1011, un tal Tendemiro (que también se llamaba Ordonio) y su esposa Domna donan al presbítero Félix dos tercios de un majuelo y tierras —terras, decían— en lo que ya entonces era llamado Karvaliosa. Casi no hay lugar de la Sobarriba que tenga una datación tan temprana. En 1037, herederos y clérigos se disputan posesiones del difunto Cristóbal. En 1144, Pedro Carvolen dona una heredad que abarca San Martín y Carbajosa, como si la tierra no supiera de fronteras. Y en 1466, Toribio Pérez vende prados y parcelas por 1.900 maravedís, que su comprador transfiere después a la Compañía de los Bachilleres. Nadie dona algo que no tenga valor. Y el valor de Carbajosa, por modesto que parezca, está en haber sido siempre tierra de paso, de cultivo, de nombres.

Lo que llama la atención es que nada de esto ha hecho del pueblo un lugar más visible. En el Catastro del Marqués de la Ensenada, fechado en 1753, figuran siete vecinos. Siete. Once casas habitables, dos arruinadas. El cura —Juan López— tiene ama, criada, dos criados y hasta un pastor. El diezmo se reparte, como si aún fuera posible dividir lo sagrado. Las colmenas del cura producen dos reales al año. Se pagan alcabalas, rentas y servicios a su Majestad. El total de animales domésticos apenas alcanzaría para una feria menor. Y sin embargo, allí siguen: Fernando de la Puente, Bartolomé Fernández, Isidro, Pedro, José y Lorenzo Prieto, Juan de Llamazares… Nombres que hoy no figuran en ningún registro digital, pero que en su día fueron los únicos capaces de pronunciarse al hablar de aquel lugar.

No es que Carbajosa haya permanecido fuera del tiempo, pero el tiempo ha pasado por él como pasa por un objeto de piedra sin astillarla. No ha dejado grietas visibles, pero tampoco ha permitido olvido. Tal vez por eso la iglesia aún guarda lo que guarda. Tal vez por eso el Cristo crucificado aún cuelga allí, sin dolerse. Porque hay lugares que ya no esperan nada, ni redención ni juicio ni salvación ni ruina, y que por tanto pueden darse el lujo de simplemente seguir.

Y seguir, en ocasiones, es una forma más elevada de existencia que cualquier otra.
Porque hay pueblos que ya no piden futuro, pero que se obstinan en recordar que tuvieron pasado. Y en ese recuerdo callado está su fuerza. Y su misterio. Y su resistencia.

La localidad de Carbajosa pertenece a la zona denominada Sobarriba, muy próxima a la capital de la provincia por su lado oriental. El pueblo se organiza en distintas calles cuyo inicio se encentra en la plaza de la Iglesia. La principal comunica el pueblo con la carretera que va desde León hasta Villafeliz.  Hay camino a Santovenia. A un kilómetro del pueblo se emplaza el cementerio, al lado del cual se encontraba una ermita que se incendió y se derrumbó, de la que ya no existen restos visibles y cuyo emplazamiento está marcado por una cruz de enorme altura, visible en todo el contorno.

Carbajosa de la Sobarriba

Una iglesia en el corazón del tiempo

Sita en el camino que va de Villalboñe a Villacil, Carbajosa es sin duda uno de los pueblos más pequeños de la Sobarriba. Y no sólo en número de casas o de habitantes —pues eso, con el tiempo, puede cambiar o al menos fluctuar, y ha cambiado de hecho, aunque casi siempre hacia abajo—, sino también en lo que uno percibe como volumen de presencia en el mundo, en esa huella visible o audible que deja lo que se impone o se hace notar. Carbajosa no se impone. Más bien se permite estar, que no es lo mismo.

Elemento decorativo de trazo de la web de La Sobarriba (León)

Esta localidad aparece muy pronto en los documentos. El 29 de octubre del año 1011, un tal Tendemiro (que también se llamaba Ordonio) y su esposa Domna donan al presbítero Félix dos tercios de un majuelo y tierras —terras, decían— en lo que ya entonces era llamado Karvaliosa. Casi no hay lugar de la Sobarriba que tenga una datación tan temprana. En 1037, herederos y clérigos se disputan posesiones del difunto Cristóbal. En 1144, Pedro Carvolen dona una heredad que abarca San Martín y Carbajosa, como si la tierra no supiera de fronteras. Y en 1466, Toribio Pérez vende prados y parcelas por 1.900 maravedís, que su comprador transfiere después a la Compañía de los Bachilleres. Nadie dona algo que no tenga valor. Y el valor de Carbajosa, por modesto que parezca, está en haber sido siempre tierra de paso, de cultivo, de nombres.

Lo que llama la atención es que nada de esto ha hecho del pueblo un lugar más visible. En el Catastro del Marqués de la Ensenada, fechado en 1753, figuran siete vecinos. Siete. Once casas habitables, dos arruinadas. El cura —Juan López— tiene ama, criada, dos criados y hasta un pastor. El diezmo se reparte, como si aún fuera posible dividir lo sagrado. Las colmenas del cura producen dos reales al año. Se pagan alcabalas, rentas y servicios a su Majestad. El total de animales domésticos apenas alcanzaría para una feria menor. Y sin embargo, allí siguen: Fernando de la Puente, Bartolomé Fernández, Isidro, Pedro, José y Lorenzo Prieto, Juan de Llamazares… Nombres que hoy no figuran en ningún registro digital, pero que en su día fueron los únicos capaces de pronunciarse al hablar de aquel lugar.

No es que Carbajosa haya permanecido fuera del tiempo, pero el tiempo ha pasado por él como pasa por un objeto de piedra sin astillarla. No ha dejado grietas visibles, pero tampoco ha permitido olvido. Tal vez por eso la iglesia aún guarda lo que guarda. Tal vez por eso el Cristo crucificado aún cuelga allí, sin dolerse. Porque hay lugares que ya no esperan nada, ni redención ni juicio ni salvación ni ruina, y que por tanto pueden darse el lujo de simplemente seguir.

Y seguir, en ocasiones, es una forma más elevada de existencia que cualquier otra.
Porque hay pueblos que ya no piden futuro, pero que se obstinan en recordar que tuvieron pasado. Y en ese recuerdo callado está su fuerza. Y su misterio. Y su resistencia.

La localidad de Carbajosa pertenece a la zona denominada Sobarriba, muy próxima a la capital de la provincia por su lado oriental. El pueblo se organiza en distintas calles cuyo inicio se encentra en la plaza de la Iglesia. La principal comunica el pueblo con la carretera que va desde León hasta Villafeliz.  Hay camino a Santovenia. A un kilómetro del pueblo se emplaza el cementerio, al lado del cual se encontraba una ermita que se incendió y se derrumbó, de la que ya no existen restos visibles y cuyo emplazamiento está marcado por una cruz de enorme altura, visible en todo el contorno.

La Iglesia

Elemento decorativo de trazo de la web de La Sobarriba (León)

La Iglesia consta de una nave única rectangular y un ábside cuadrangular elevado, separado de la nave por un arco de medio punto de bastante altura, y con entrada lateral en el centro de la nave, a través de un atrio techado. A ella se encuentra unida una espadaña construida en piedra a cuyas campanas se accede mediante escalera adosada por el exterior, de factura posterior.

Esta Iglesia ha experimentado varias actuaciones destinadas a su restauración y conservación desde finales del siglo XX. En la primera de ellas se acometió la restauración del artesonado mudéjar. En la segunda se intervino en la restauración del sagrario. En la tercera se restauró la bancada inferior del retablo. En la cuarta se restauró el conjunto del retablo. En la quinta se sustituyó la tabla del suelo, se pintaron las paredes y se colocó un falso techo de madera imitando la estructura de una embarcación invertida para sustituir el anterior cañizo y yeso. En 2024, habiéndose hundido el tejado de la nave central, se ha realizado la restauración del mismo, en el curso de la cual se han advertido restos de pinturas al fresco sobre el arco de separación del ábside, que quedan cubiertas por el falso techo interior de la nave central.

La cabecera tiene la techumbre decorada con artesonado mudéjar, al estilo del siglo XVI, que tras haber estado pintado de azul, lo que lo hacía pasar inadvertido, fue restaurada a comienzos del siglo XXI y luce ahora en todo su esplendor. Presenta el clásico dibujo de las piñas encuadradas en estrellas, con una escultura del rostro de un angelote, que conserva el color, que cuelga de la pieza central de la bóveda. Este artesonado se apoya sobre cuatro pechinas, que estuvieron decoradas con pinturas en tela de los cuatro evangelistas, que se conservan guardadas para evitar su deterioro.

En el ábside se abre una puerta a la sacristía y se encuentra también una ventana que lo ilumina con luz natural y que está cerrada con una vidriera, fruto de la restauración en los primeros años del siglo XXI de otra anterior que se encontraba almacenada en la Iglesia.

En la nave central, en la pared que enfrenta la puerta de entrada, se encuentra fijada una escultura exenta de un Cristo Crucificado de estilo gótico, una buena talla gótica del siglo XIV con las características propias de este tipo de esculturas: brazos y cuerpo suaves y sin musculatura; cabeza levemente reclinada sobre el costado derecho, con expresión dulce y sin rasgos de dolor; faldellín abundante y de toscos plegados, que cubre hasta las rodillas; piernas desproporcionadas, cuyos pies se unen para ser atravesados por un solo clavo.

Además, en el pasado en esta Iglesia se encontraba la Virgen de Carbajosa, talla románica del siglo XII, de 66 cm de altura exhibida en la actualidad en el museo de la catedral de León adonde fue trasladada por su valor por los años 70. Es una de las llamadas “vírgenes bobas”.  La Virgen es verdadero trono de sabiduría, el niño además de pequeño rey sujeta el libro y con aire imperial se muestra mayestático.

Posee también una pila bautismal en la que se ha añadido de forma torpe una pileta interior para la realización de bautismos sin inmersión, que sin embargo no impide admirar la factura inicial.

Sagrario y retablo

Elemento decorativo de trazo de la web de La Sobarriba (León)

El retablo, de tres calles y dos cuerpos, se encuentra coronado por un frontón de Dios Padre, y enmarca pinturas de escenas de la vida de Cristo, Crucifixión y Ascensión.

El sagrario es renacentista y es obra de uno de los maestros que trabajaron en la Catedral de León, con un relieve del Santo Entierro tallado en su portezuela, con los personajes que lo componen en actitudes violentas, distorsionadas, y manieristas.

Tanto el sagrario como el retablo fueron restaurados en 2010 (primero el sagrario, cuya restauración hizo sospechar el valor oculto del retablo y llevó a su posterior restauración) en una acción conjunta del Taller de restauración del Obispado y de CajaEspaña, celebrándose una exposición en el Edificio de Botines en la ciudad de León, antes de su colocación de nuevo en la Iglesia.

Esta restauración demostró que el retablo de la iglesia parroquial de Carbajosa es obra del siglo XVI. El delegado diocesano de Patrimonio de León, Máximo Gómez Rascón, en declaraciones a Europa Press (2010), destacó su elevado valor artístico. Las tablas responden al modo de hacer del último tercio del siglo XVI y su realización corrió a cargo de los escultores Diego de Solís y Nicolás Pizarro y el pintor Gregorio de Herreras.

En el siglo XIX se había realizado una restauración del retablo que había sobrepintado las tablas, ocultándolas bajo una muy mala sobrepintura, que impedía reconocer su importancia. Los expertos de la restauración actual consideran que “se conservan completas las tablas que conforman la parte pictórica del retablo, pero la obra sufrió pérdidas en su arquitectura debidas posiblemente a la falta de destreza de los artesanos encargados de la refacción”. Esta arquitectura se concibe como un joyero en el que se insertan las tablas y que se adorna con panes de oro y plata. Reproduce la arquitectura del relieve escultórico del Sagrario.

Los restauradores estiman que los modelos utilizados son dos obras de Juan de Juanes y de Giacopo Palma, que se habrían seguido con pequeñas modificaciones para adaptarse al tema.

El retablo contiene una Crucifixión en la parte superior en el segundo cuerpo, dos tablas grandes en las que destaca una Ascensión y cuatro pequeñas con escenas de la vida de la Virgen. En la predela se representan santos (Santa Bárbara, San Andrés…).

El retablo está realizado siguiendo el modelo del sagrario, pues lo reproduce en algunos elementos de su estructura. Toda la bancada inferior, en la que se sitúa el sagrario contiene cuatro óleos, dedicado cada uno a uno de los cuatro evangelistas, igualmente del siglo XVI y obra también de alguno de los pintores que trabajaron en la Catedral.

TIMPANO DEL ARIO
CARBAJOSA DE LA SOBARRIBA

Elemento decorativo de trazo de la web de La Sobarriba (León)

El nombre proviene de un topónimo, por haber sido hallado en la ermita del Ario, hoy desaparecida. Aunque su hallazgo fue en la ermita, se estima que pueda proceder del monasterio de Eslonza, ya que las ermitas no suelen tener entidad ni riqueza como para acometer un encargo en labra de piedra. Tampoco pertenece a la dotación de la iglesia, ya que la fundación de ella será en torno al siglo XVI, por tanto posterior a la cronología del relieve.

Se inscribe en el gótico de transición entre el siglo XIII y XIV. Estamos ante un relieve simétrico en el que aparecen dos ángeles en actitud de adoración. Es característico en las Vírgenes de bulto redondo que exista parecido entre la Madre y el Niño. Pero en este relieve todas las imágenes presentan los mismos rasgos anatómicos, salidos de la misma mano, con caras rellenas y redondas y ojos almendrados, arcaizantes, pero ya como evolución y paso posterior a los ojos redondos y frontales. También se aprecia frontalismo en las alas de los ángeles.

Busca naturalismo en los pliegues del vestido y en detalles de ornamento, como en la fíbula de la Virgen y la diadema de los ángeles, así como en la individualización de los cabellos que, junto con la corona que solo Ella porta, le da empaque de Reina de los Cielos y Trono Sapientiae. Sin embargo, aún son algo rígidos, demasiado angulosos y estriados.

Es reseñable la conservación de su policromía que, aunque incompleta, hace que esta obra sea de alta estima como documento, reforzando su significativo valor artístico. Indica que en el momento de su creación esta era la costumbre; la policromía señala que la obra estaba concebida para un impacto visual y catequético, ayudando a la legibilidad del mensaje representado.

Se hace necesario contextualizar este tímpano en el conjunto que sin duda formó, como remate y decoración, casi con seguridad de una puerta cuyas arquivoltas, también policromadas y quizá con profusión de imágenes, abrigaban a la imagen de Santa María con el Niño, terminando en arco apuntado. En torno a este tímpano se representarían escenas del Antiguo y Nuevo Testamento, rematando en un nivel superior con María como principio del plan divino. Todo ello estaría ubicado en una fachada de sillar de piedra, lo que nos lleva a un edificio de relevancia, abundando en el origen del monasterio de Eslonza.

Mapa con los pueblos y caminos de La Sobarriba (León)

Rutas y Actividades

Descubre la Sobarriba a través de un recorrido inolvidable por su patrimonio, cultura y paisajes. La Ruta Cultural de la Sobrarriba ofrece visitas guiadas y explicaciones detalladas en varios puntos de interés, combinando historia, arquitectura, tradiciones y naturaleza en una experiencia única.

Cada ruta está diseñada para adaptarse a diferentes tipos de viajeros: desde caminantes y ciclistas hasta quienes prefieren rutas a caballo o incluso en globo aerostático. Acompáñanos en un viaje en el tiempo y adéntrate en los secretos de una tierra que ha sido testigo de siglos de historia.

Mapa con los pueblos y caminos de La Sobarriba (León)

Rutas y Actividades

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Cada ruta está diseñada para adaptarse a diferentes tipos de viajeros: desde caminantes y ciclistas hasta quienes prefieren rutas a caballo o incluso en globo aerostático. Acompáñanos en un viaje en el tiempo y adéntrate en los secretos de una tierra que ha sido testigo de siglos de historia.

Fuentes de información:

Elemento decorativo de trazo de la web de La Sobarriba (León)

Alaiz Prieto, Atilano, La Sobarriba: geografía, historia y arte de una comarca leonesa, Vigo, 2007.

Barreñada García, Antonio, La hermandad de la Sobarriba: Regla, Ordenanzas y Constituciones para la Procesión a Nuestra Señora del Camino el día de San Isidoro, acompañada de noticias y apuntes históricos sobre el Voto a sus Ayuntamientos, León, [el autor], 2005.

Cosmen, María Concepción, y María Victoria Herráez, «Los tímpanos góticos de La Aldea del Puente y Carbajosa», artículo en la revista de investigación Tierras de León, nº 76, 1990, pp. 51-58.

Domínguez Sánchez, Santiago, Informe sobre algunas piezas muebles de la iglesia parroquial de Carbajosa de Ia Sobarriba del Departamento de Patrimonio Artístico y documental de la Universidad de León, 26 de enero de 2023.

Europa Press Castilla y León, “Botines (León) muestra el retablo de la iglesia de Carbajosa restaurado, del siglo XVI, un «auténtico descubrimiento”, fecha de publicación lunes, 20 diciembre 2010 14:59 en Newsletter, @epcastillayleon. Artículo periodístico, disponible online: https://www.europapress.es/castilla-y-leon/noticia-botines-leon-muestra-retablo-iglesia-carbajosa-restaurado-siglo-xvi-autentico-descubrimiento-20101220135931.html

García Luna, Óscar, Memoria para la solicitud subvención del Instituto Leonés de Cultura para la REHABILITACIÓN DE LA CUBIERTA DE NAVE DE LA IGLESIA DE LA ASUNCIÓN DE NUESTRA SEÑORA DE CARBAJOSA en el Plan Iglesia Abierta 2023/24.

González Díaz, Manuel, La Sobarriba: Estudio socio-ambiental, Universidad de León, Tesis de licenciatura dirigida por Vicente Martínez Encinas, 1985.

Herráez, María Victoria, y María Concepción Cosmen, «La escultura gótica en León», capítulo incluido  en el libro colectivo la Historia del Arte en León, León, 1990, pp. 137-167, especialmente en pp.157 y 165.

Valdés, Manuel, Victoria Herráez y Concepción Cosmen, Arte gótico en la provincia de León, León, Universidad de León, 2001.

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