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Esta Virgen, de 60cm de altura, creada en el siglo XIII, solo responde en su bulto escultórico, a la estética propia de su momento creativo, ya que la policromía que hoy exhibe probablemente sea del siglo XIX.
Esta Virgen, de 60cm de altura, creada en el siglo XIII, solo responde en su bulto escultórico, a la estética propia de su momento creativo, ya que la policromía que hoy exhibe probablemente sea del siglo XIX.
Tiene una presencia rotunda, que, aunque ya está dentro del gótico, recuerda el románico por su compactación y monolitismo. Sin embargo, se ven intenciones de acercamiento y naturalidad en el detalle de enseñar un solo pie del Niño, mientras que el otro está cubierto por la túnica, aunque se intuye su volumen un poco más alto y desalineado con el pie visto, correspondiendo con la mayor altura de la rodilla. El Niño tiene un intento de movimiento contenido y está descentrado hacia la pierna izquierda de la Madre, que le sujeta e integra dentro de su propio volumen. Los pliegues son gruesos, fluidos y casuales, incluso asimétricos como en el caso del manto de la Virgen bajo la corona. Ambos sujetan una esfera, pero la Madre lo hace con una solvencia y naturalidad que indica la intencionalidad del naturalismo al individualizar los dedos y plegarlos.
Llama la atención la solidez del trono que excede con creces el volumen de la imagen. Desconocemos que tipo de decoración original tenía al estar oculto por las sucesivas capas de repolicromado.
A pesar de la evidencia de sucesivas intervenciones, hoy la imagen presenta daños suficientemente importantes como para retirarla del culto, lo que la expone a riesgos de conservación. Se evidencia una importante laguna en la cara de la Virgen y una grieta que recorre la imagen de abajo a arriba, que así lo motivan.
Esta imagen, quizá por su pequeñez y simpatía, tiene un encanto natural, que hace comprender el intento de sus devotos de mantenerla en culto, haciéndole las transformaciones y repolicromados que hoy evidencia. Es la transmisora de una devoción ancestral que ha conseguido transmitirla hasta nuestros días.
Tiene una presencia rotunda, que, aunque ya está dentro del gótico, recuerda el románico por su compactación y monolitismo. Sin embargo, se ven intenciones de acercamiento y naturalidad en el detalle de enseñar un solo pie del Niño, mientras que el otro está cubierto por la túnica, aunque se intuye su volumen un poco más alto y desalineado con el pie visto, correspondiendo con la mayor altura de la rodilla. El Niño tiene un intento de movimiento contenido y está descentrado hacia la pierna izquierda de la Madre, que le sujeta e integra dentro de su propio volumen. Los pliegues son gruesos, fluidos y casuales, incluso asimétricos como en el caso del manto de la Virgen bajo la corona. Ambos sujetan una esfera, pero la Madre lo hace con una solvencia y naturalidad que indica la intencionalidad del naturalismo al individualizar los dedos y plegarlos.
Tiene una presencia rotunda, que, aunque ya está dentro del gótico, recuerda el románico por su compactación y monolitismo. Sin embargo, se ven intenciones de acercamiento y naturalidad en el detalle de enseñar un solo pie del Niño, mientras que el otro está cubierto por la túnica, aunque se intuye su volumen un poco más alto y desalineado con el pie visto, correspondiendo con la mayor altura de la rodilla. El Niño tiene un intento de movimiento contenido y está descentrado hacia la pierna izquierda de la Madre, que le sujeta e integra dentro de su propio volumen. Los pliegues son gruesos, fluidos y casuales, incluso asimétricos como en el caso del manto de la Virgen bajo la corona. Ambos sujetan una esfera, pero la Madre lo hace con una solvencia y naturalidad que indica la intencionalidad del naturalismo al individualizar los dedos y plegarlos.
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A pesar de la evidencia de sucesivas intervenciones, hoy la imagen presenta daños suficientemente importantes como para retirarla del culto, lo que la expone a riesgos de conservación. Se evidencia una importante laguna en la cara de la Virgen y una grieta que recorre la imagen de abajo a arriba, que así lo motivan.
Esta imagen, quizá por su pequeñez y simpatía, tiene un encanto natural, que hace comprender el intento de sus devotos de mantenerla en culto, haciéndole las transformaciones y repolicromados que hoy evidencia. Es la transmisora de una devoción ancestral que ha conseguido transmitirla hasta nuestros días.
Descubre la Sobarriba a través de un recorrido inolvidable por su patrimonio, cultura y paisajes. La Ruta Cultural de la Sobrarriba ofrece visitas guiadas y explicaciones detalladas en varios puntos de interés, combinando historia, arquitectura, tradiciones y naturaleza en una experiencia única.
Cada ruta está diseñada para adaptarse a diferentes tipos de viajeros: desde caminantes y ciclistas hasta quienes prefieren rutas a caballo o incluso en globo aerostático. Acompáñanos en un viaje en el tiempo y adéntrate en los secretos de una tierra que ha sido testigo de siglos de historia.
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